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Si los filamentos de tu cepillo de dientes están así de desgastados, estás perjudicando tu salud bucal

Si los filamentos de tu cepillo de dientes están así, estás perjudicando tu salud bucal

Seguro que alguna vez has visto un cepillo de dientes que estaba desgastado o que se veía excesivamente usado. Puede incluso que los filamentos de tu propio cepillo se parezcan a los de la imagen que ilustra nuestro post. Si es así, puede que estés dañando tus encías y tu salud bucal. ¿Por qué? Te lo contamos en la entrada de hoy:

Lo que debes saber de los filamentos de tu cepillo de dientes:

1. Los filamentos, una de las partes de más importantes de un cepillo de dientes

De las partes de un cepillo de dientes la más importante son los filamentos que encontramos en el cabezal. Su dureza, diámetro y forma dependerán del objetivo o la necesidad que tengamos. Por ejemplo, un cepillo especialmente diseñado para eliminar las manchas puede tener los filamentos con forma cuadrada, para tener una mayor superficie de arrastre. Por otro lado, uno de sensibilidad tendrá unos filamentos extrasuaves.

En este punto es importante recordar que siempre se recomienda utilizar un cepillo de filamentos suaves. Así evitaremos dañar las encías.

2. El cepillo: en contacto diario con microorganismos

Como sabes, el cepillo de dientes está en constante contacto con microorganismos, ya que la cavidad oral está repleta de bacterias. Además, es habitual guardar nuestro cepillo junto al de otras personas con las que convivimos. Están así en contacto con otros cepillos que, aunque sean de familiares, pueden contener sus propios microorganismos.

Debes tratar de impedir el crecimiento bacteriano aclarándolo muy bien después de cada uso. Para ello, puedes agitarlo enérgicamente para secarlo y así evitar que quede agua entre los filamentos. Además de esto, intenta no usar el capuchón cuando lo tienes en casa.

3. El baño: el sitio perfecto para el crecimiento de bacterias

El baño es un lugar habitualmente húmedo y caliente, dos condiciones idóneas para la proliferación de bacterias.

4. La técnica de cepillado

Cepillarse los dientes mínimo dos veces al día es importante, pero también es importante utilizar la técnica del cepillado correcta.

Se deben cepillar al menos durante dos minutos, limpiar entre los dientes después y utilizar un colutorio para finalizar. Hemos visto que el cepillo debe ser de filamentos suaves. Asimismo, debemos seguir este criterio de cuidado suave en lo que a la técnica y la fuerza empleada se refiere.

Cepillarse los dientes con demasiada fuerza puede dañar el esmalte dental, así como las encías. Pudiendo incluso provocar enrojecimiento, inflamación o retracción. Si tu cepillo de dientes siempre luce como en la foto que ilustra esta entrada, puede que quieras optar por un cepillo que avise de cuándo se está aplicando una fuerza excesiva. Es el caso, por ejemplo, del cepillo eléctrico GUM PowerCARE. Cuyo sensor de presión emite una señal visual para indicar que se está aplicando demasiada presión.

Por otro lado, la técnica más extendida y recomendada es la técnica de Bass modificada. Esta consiste en colocar el cepillo en un ángulo de 45º con respecto a la unión del diente y la encía. Se realiza después un movimiento de barrido hacia abajo en los dientes superiores y hacia arriba en los inferiores. Tanto por la cara externa del diente como por la interna.

Por último, no debemos olvidar cepillar la lengua con el cepillo o con un limpiador lingual. Ya que la lengua es el lugar de la cavidad oral donde más bacterias se acumulan.

Puedes descubrir más sobre cómo cepillarte de la forma más adecuada en este artículo.

5. La importancia de cambiar el cepillo regularmente

Por todo lo comentado anteriormente, es imprescindible cambiar el cepillo de dientes regularmente. Así evitaremos que los microorganismos sigan creciendo en sus filamentos. Y, al mismo tiempo, garantizaremos que están en condiciones óptimas para realizar un cepillado correcto y evitaremos dañar nuestros dientes y encías.

Además, debemos sustituir el cabezal o el cepillo de dientes por uno nuevo cada 3 meses. ¡Utiliza las estaciones del año para acordarte!

Aparte de seguir esta recomendación general, cámbialo inmediatamente después de cualquier proceso infeccioso. También te recomendamos cambiarlo después de haber tratado una caries o tras el tratamiento por gingivitis o periodontitis. 

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